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¿Cuánto deben invertir los países en I+D?

Los países comienzan a entender que el gasto en Investigación y Desarrollo (I+D) es tan necesario si pretenden alcanzar un nivel óptimo de vida para sus habitantes. El gran desafío es entender cuánto y cómo debe asignarse para llegar a la meta.

(ElectronicosOnline.com Magazine / Oswaldo Barajas)

El desafío de todo sector productivo, con metas claras de posicionamiento y crecimiento, tiene una enorme vinculación con el fortalecimiento de la oferta y la demanda que se estructura mediante la innovación, y si esto se hace de forma simultánea los resultados suelen ser mejores.

 

Desafortunadamente, este escenario es poco frecuente, y aunque es fundamental para la coordinación de múltiples iniciativas que contribuyen al esfuerzo nacional en busca de la prosperidad, pocos avances se han obtenido en este segmento.

Es importante invertir en Investigación y Desarrollo (I+D) para el crecimiento económico de los países.
 

En ese sentido, las finanzas en Investigación y Desarrollo (I+D) es un tema que clama ser abordado urgentemente sobre todo por los países latinoamericanos que comúnmente se ubican últimos en el ranking de compromiso económico relacionado con la innovación. Esto suele ser un dolor de cabeza para los directivos de organizaciones ya que para la mayoría suele ser tópicos complejos el gasto en conocimiento, investigación, pruebas y comercialización.

Desde la década de 1970, los académicos y profesionales experimentan con varias fórmulas y enfoques para vincular el gasto con los resultados. Sus evidencias han mostrado insistentemente que invertir en actividades de Investigación y Desarrollo no se trata de un pasatiempo ni una postura quisquillosa de la ciencia, sino la principal palanca para alcanzar un nivel alto de progreso. En los 80’s, los nuevos modelos postulaban que la inversión de recursos humanos y financieros en la generación de nuevas ideas (I+D) era la clave del crecimiento sostenido.

La meta es desafiante, pero toda la experiencia de inversión en I+D sugiere que la rentabilidad en el sector privado y en el resto de la sociedad es enorme, y como muestra de esto se encuentran países como Corea del Sur, Australia o Finlandia, los cuales han logrado un desarrollo acelerado y sostenible, y como resultados una indiscutible mejora en la calidad de vida de sus habitantes.

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La evidencia internacional sugiere que la rentabilidad social en países desarrollados es superior al 20%, acercándose en algunos países al 100%, y que el promedio de los países en vías de desarrollo es del 70 %. En la lucha por generar nuevas ideas, históricamente vale la pena el esfuerzo financiero.

La competitividad empresarial se manifiesta por el grado de internacionalización que posean.
 

La pregunta crucial: ¿Cuánto se debe invertir en I+D? Para hallar la respuesta hay que relacionar toda posibilidad con lo que se quiere obtener a partir de la inversión adecuada y sostenida.

Algunas medidas de crecimiento son determinadas con ciertos conceptos como Productividad Total de los Factores (TFP), patentes, análisis competitivo e índice de vitalidad, por mencionar algunos. En estos elementos los directivos deben poner especial énfasis para determinar y responderse a sí mismos si están haciendo la asignación correcta del gasto en I+D.

Estas variables, sin embargo, deben someterse a un escrutinio especial en Latinoamérica, donde los esfuerzos financieros para generar innovación son risibles tal como lo demuestra la encuesta económica de 2016 en Chile sobre el Gasto Total en I+D. El país suramericano es uno de los pocos miembros regionales del Organismo para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el cual vislumbra un crecimiento económico sostenido por encima del 3% para 2018. El panorama parece positivo para Chile, pero poco consustanciado con su carácter innovador. El valor obtenido en la mencionada encuesta es de un magro 0.37 % del Producto Interno Bruto. Esta cifra es peor que la de las últimas dos décadas, la cual nunca superó el 0.6 % del PIB.

Actualmente los países del OCDE invierten en promedio 2.3% de su PIB en la generación de nuevo conocimiento, y para un ingreso que está cercano a los US$ 25 mil billones de dólares el gasto en I+D de Chile debería superar el 1% de esta cantidad, todo para lograr salir de la trampa del ingreso medio.

Un escenario parecido vive México, en donde el presupuesto para ciencia y tecnología no llega ni al 1% de su PIB, según cifras aportadas en 2015 por el Fondo Económico Mundial (WEF) con datos de la OCDE. De esta situación son rescatables algunos programas académicos y sociales que poseen los cuales impulsan el aprovechamiento de los recursos para ayudar a cientos de estudiantes a terminar sus doctorados, manteniendo así un polo atrayente para las compañías tecnológicas que buscan desesperadamente capital humano avanzado que les permita continuar progresando.

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